Confesiones de una mente estancada.

Todo empieza como empieza todo, brincando la paradoja del lado en que todo se niega incluso la posibilidad en la que tú estés leyendo esto realmente y yo lo esté escribiendo, al lado donde lo posible se vuelve realidad y dentro de la realidad se buscan las posibilidades, solo para darse cuenta de que todo empieza como empieza todo, brincando la paradoja.

Y es así que dentro de lo posible me identifiqué de manera elemental con el agua. Esa pureza que nutre los árboles, que emana tranquilidad a su paso, que evoca escenarios románticos cuando cae del cielo. Esa que deja cristales en los pétalos durante el alba.

Tal vez uno que otro de ustedes me conozca, me haya visto, sepa quien soy y desde donde hablo. Pero para los que no, soy humano y hablo desde ese espacio recóndito de humanidad que buscaba la inclusión de todo. Hablo desde una crisis al darme cuenta de que mis deseos pertenecen al lado oscuro de la paradoja, al vórtex. Pasé de ser un ente upbeat a ser un ente caído, y no se como levantarme por completo. Estoy en el suelo y mis manos sudorosas no me dejan levantarme. Siento calor en el vórtex. Siento esas húmedas sombras cómodas, como un manto abismal. Pero veo afuera, y me veo visto, me veo observado, me veo alienado por todos los humanos que conocen el esfuerzo.

La escuela es fácil, trabajan conceptos y exámenes. Las tareas siempre fueron innecesarias para un humano que entendió todo a la primera que se la plantearon. Esos días de las aulas siempre fueron fáciles, no era un galán, pero mi simpatía me permitía librarme de los golpes de los bullys, y mi intelecto me permitía librarme de las burlas de los genios. Pero siempre tuve problemas persiguiendo mi deseo. Nunca he podido luchar por lo que quiero y es por eso que mi mente se estancó cuando eso que quise se convirtió en una necesidad.

El camino del arte es el camino más bello, el arte que tiene letras, imágenes, sonidos, texturas. Pero es un camino complicado cuando no sabes luchar por lo que quieres. Empecé siendo un regalo, terminé siendo un problema. El río nutre con su paso. El estanque hace que los humanos tapen su nariz con los dedos para pasar de largo. Y sí, como estanque, siento que hay algo dentro de mi que apesta. Es como si mi alma fuera un cadáver que llevo escondiendo un tiempo.

Recuerdo la felicidad que sentía cuando entraba a una salón de clases en la universidad, por más temprano que fuera la clase, o por la poca química que sentía con el maestro, el ver el rostro de mis compañer@s al entrar. Ver como un universo de gente con problemas, con preguntas, con necesidad y motivaciones me rodeaba. Esa alegría era contagiosa. Los veía, me veían, no dejaba que nadie pasara de largo. Pero hoy estoy solo. Tengo un cuarto para mi. No puedo arreglar los problemas que enfrenta mi casa, no puedo arreglar el boiler del gas, no puedo comprar detergente, no tengo para pagar los nueve mil pesos que le debo a Bancomer.

Lo que empezó como una mente expansiva ahora es una contractura neuronal. ¿Dónde están esos reactivos que avispaban los armónicos de las conexiones eléctricas dentro de mi?. ¿Dónde está el niño río? Te extraño viejo amigo, eras un regalo para la humanidad. ¿Dónde está el chavo océano? Te extraño viejo amigo, eras más que una envoltura. ¿Dónde está el anciano lluvia? Ya no esperes más para crecer, pues ya estás grande.

He plantado muchas cosas, y el tiempo que perdí plantando más me distanció de la germinación. Me creí viento, pero soy agua y el agua debe de permanecer hasta que el vástago crezca. El agua debe de encontrar el surco perfecto para aliviar su propia masa. Si no enfermamos nuestras moléculas. Y no hay nada peor que un parásito multidimensional que toma la forma del molde que la contiene. Me siento culpable por la basura. Me siento culpable por la decidia. Me siento culpable por el extraño anonimato de los actos sinceros que encabecé cuando era libre. Hoy soy mi esclavo y solo yo puedo liberarme. Esa es la intención de éste texto. Es decirle a todos los que estamos estancados, que vivimos paralizados por la grandeza del exterior, que no estamos solos aunque parezca que sí.

 

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